Nuestro pueblo es un pueblo de mucha fe.

Distinto a sucesos anteriores, la crisis del COVID-19 nos ha presentado un reto distinto.  Mientras que siempre podíamos asistir a nuestras iglesias, templos y sinagogas en el pasado, el peligro de la infección del coronavirus ha limitado nuestra movilidad y, por lo tanto, nuestro acceso a lugares de oración, adoración y reflexión. 

He sabido de muchos puertorriqueños que han designado alguna esquina especial en sus hogares para orar y pedirle al Todopoderoso por sus familias, sus comunidades, nuestro pueblo y el mundo entero en estos momentos de tanta dificultad e incertidumbre. Mientras antes nuestras familias reservaban los sábados o domingos para celebrar en comunidad, en meses recientes han tenido que buscar ese acercamiento a Dios desde nuestros hogares por las redes sociales o medios televisivos o radiales. 

Sin embargo, si bien se reconoce que, como dijo recientemente un sacerdote católico, las Iglesias como instituciones nunca están cerradas y que han logrado traer las enseñanza de la Iglesia a los hogares por medios novedosos, todavía muchos necesitan de los lugares de oración.  

Me consta que nuestras iglesias y organizaciones de base fe se han ido preparando para una apertura seria y sosegada de nuestros templos. Se debe colaborar con todos los sectores religiosos para buscar la mejor forma de permitir que los que así lo quieren y desean puedan volver a orar en sus templos de manera responsable y velando por la salud de sus comunidades, tanto la física como la espiritual. 

Aplaudo las iniciativas de tantos líderes religiosos durante estos momentos de distanciamiento social en que han logrado un mayor acercamiento espiritual a través de las redes sociales y los medios televisivos y radiales. Y felicito a nuestro pueblo por mantener la fe de que vamos a sobrepasar esta prueba.  Confío en que se puede desarrollar un protocolo seguro que permita la apertura gradual de los lugares de adoración de manera responsable.”