ES TIEMPO DE UN GOBIERNO QUE LE RESPONDA AL PUEBLO

El gobierno de Puerto Rico ha tenido problemas de ejecución e ineficiencia por muchos años. Los procesos burocráticos y los recortes en presupuesto han empeorado la situación. Sin embargo, la misión de un gobierno es responderle a su pueblo a base de los recursos disponibles. Y eso tiene que ser lo más importante para un gobernante. Por demasiado tiempo, nuestro pueblo se ha acostumbrado a tener un gobierno ineficiente, que no responde a sus necesidades con rapidez, que no aprovecha la tecnología, que tiene procesos engorrosos de permisos, que para obtener un servicio hay que esperar horas y hacer largas filas, y que tiene presupuestos multimillonarios pero los dineros no llegan a la gente, ni al salón de clases, ni a mejorar nuestra infraestructura. Peor aún, casos de corrupción y promesas incumplidas han causado que nuestra gente
haya perdido la confianza en su gobierno.


Cambiar esto es mi prioridad.


Un gobierno que le responda debidamente al pueblo necesita liderato firme, buena gerencia y supervisión efectiva de los funcionarios públicos. Las líneas de mando y la política pública tienen que estar bien establecidas para poder llevar a cabo la misión gubernamental. Empoderar a los empleados públicos, proveerles los recursos necesarios y eliminar los gastos superfluos de la gestión pública será un paso indispensable para reformar el gobierno.


Por otro lado, llora ante los ojos de Dios que el gobierno tenga los fondos necesarios para hacer obras y proveer ayudas, pero se tarde meses o años en llevarlo a cabo. Hay miles de millones en fondos de recuperación de los huracanes, los terremotos y la pandemia ya aprobados, que aún no se han comenzado a desembolsar. Hay postes virados, cables sueltos, carreteras intransitables, puentes averiados y edificaciones en ruinas por todos los pueblos a casi tres años del huracán María. ¡Y ni una ceremonia de primera piedra hemos visto para nuevas residencias! Hay fondos para ayudar a manejar la crisis de salud, pero nuestros hospitales están en aprietos, nuestros niños han perdido el semestre escolar y nuestra gente está sufriendo por tardanzas en las ayudas federales y en el desembolso de los fondos del desempleo.


El dinero en las arcas del gobierno no sirve de nada. Tiene que estar en la calle, donde el pueblo lo necesita y lo merece. ¡Ahora!


Es indispensable poder poner los recursos del gobierno al servicio del pueblo, y en tiempos de crisis es previsible que haya que concentrar esos recursos y esfuerzos en las agencias que ayudan directamente a nuestra gente, tales como los departamentos del Trabajo, Familia, Educación y Salud. Por supuesto, el sentido de urgencia no exime de hacer las cosas correcta y responsablemente, y de tener la mayor mesura a la hora de usar el dinero del pueblo. Se puede ser eficiente y honrado a la misma vez.


Nuestro pueblo requiere que su gobierno tenga credibilidad aquí y en Washington, D.C. Requiere que las prioridades del gobierno estén claras y sean cónsonas con las prioridades de su gente. Requiere que el gobierno conozca sus necesidades, desarrolle una visión de futuro y tenga la experiencia y capacidad para cumplir con sus responsabilidades.


Es tiempo de tener un gobierno que nuevamente le responda al pueblo. Ese es mi compromiso con Puerto Rico.

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